¿Cómo tomar un café con gravedad cero?

Más allá de los desafíos técnicos que supone enviar una nave fuera de la atmósfera, los tripulantes se encuentran con un problema añadido que afecta a cualquier acción cotidiana: la ingravidez.

Plantilla-Fotos-Whatag

Tomar una taza de café para espabilarse de buena mañana es ya una odisea. En los primeros viajes espaciales, hace ya cuatro décadas, el café salido de la cafetera se convertía antes de llegar a la taza en gotas calientes que los astronautas trataban de atrapar buceando en la nave.

La dificultad no se resolvió hasta que la NASA inventó una taza con gravedad cero que “dispara” de algún modo el café a las bocas de los tripulantes.

cafe

El problema de los fluidos ―también a la hora de orinar― no es el único al que se enfrentan los viajeros espaciales y es un asunto a resolver de cara a trayectos de larga duración como un viaje a Marte, que con la tecnología actual implicaría unos 260 días solo de ida.

Además de la ingente inversión de tiempo hasta llegar al planeta rojo, están los peligros para la salud que entraña un viaje de este tipo.

Por una parte, la fuerte aceleración necesaria para escapar de la órbita terrestre genera síntomas indeseables que van de la visión borrosa al desmayo de los tripulantes. Para paliar estos efectos colaterales, la NASA diseñó un traje antigravedad que aprieta el abdomen y las extremidades para evitar la acumulación de la sangre, además de la sujeción y protección de la cabeza para prevenir las cefaleas.

astronautas

Una vez en el espacio, la provisión de oxígeno debe ser constante y cualquier fallo en el suministro puede tener consecuencias fatales.

Solucionado esto, el astronauta deberá enfrentarse a los problemas propios de la ingravidez, que no son pocos. La medicina espacial, desarrollada especialmente a partir de las misiones Apolo, ha tipificado así las afecciones más comunes que viven los viajeros:

  • Síndrome de Allison. Uno de los principales problemas de la ingravidez es la pérdida de la masa ósea. Un astronauta que estuviera un año en el espacio sin la gravedad terrestre llegaría a perder un 20% del calcio de los huesos, lo que se traduciría en fracturas mucho más frecuentes, dolor de articulaciones y debilidad.
  • Atrofia muscular. Es muy común, debido a las largas estancias flotando en un espacio reducido, sin ejercitar los músculos. Para evitarlo es necesario obligarse a la actividad física regular y pautada.
  • Dificultades en el sistema respiratorio. El cambio en la distribución de líquidos en el cuerpo hace que las fosas nasales se congestionen con mucha facilidad.
  • Alteraciones cardiovasculares. La misma falta de gravedad hace que la sangre se concentre en la parte superior del organismo, a la vez que baja la tensión arterial general. El corazón debe trabajar más para bombear la sangre y por lo tanto acaba aumentando su tamaño.
  • Dificultades para dormir. La ingravidez, la escasez de movimientos y el estrés, sumados a la ausencia de luz natural que regula los biorritmos, hace que resulte mucho más difícil conciliar el sueño y que los astronautas tengan que recurrir a menudo a fármacos.

Pese a estos y muchos otros problemas logísticos y médicos, hay muchas más personas dispuestas a viajar al espacio de las que tendrán algún día esta oportunidad.

Somos exploradores de lo desconocido, a pesar de todos los peligros e incomodidades. Nada puede detener a un ser humano que se dirige hacia un punto lejano en el horizonte.

 

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