La Primera ley de Arthur C. Clarke – Predicciones fallidas.

La primera ley de Arthur C. Clarke expone lo siguiente:

“Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado.”

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A esta ley, el mismo Clark añadía la necesidad de definir “anciano”. Según el autor de ciencia ficción, en el campo de la física, las matemáticas y la astronáutica, este término significa tener más de treinta años, mientras que para otras disciplinas puede relajarse hasta los cuarenta. Eso si, dejando lugar a gloriosas excepciones.

Esta primera ley nos recuerda que debemos tenerle mucho respeto a la palabra “imposible”, a menudo usada con demasiada frivolidad.

Hacer un repaso a los grandes errores de predicción de renombrados científicos nos ayudará a recordar la primera máxima de este escritor y científico.

  • Lord Kelvin, presidente de la Royal Society afirmó en 1895 que máquinas voladoras más pesadas que el aire eran imposibles. Tampoco estuvo muy fino en 1897 cuando dijo que “La Radio no tenía futuro”

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  • Robert Millikan, descubridor del valor de la carga del electrón,  1928: “No existe posibilidad alguna de que el hombre pueda alguna vez utilizar el poder del átomo. La ilusa suposición de utilizar la energía atómica cuando nuestro carbón se haya acabado es un sueño utópico y acientífico, una fantasía infantil.
  • Ernest Rutherford afirmó en la misma línea en 1933 algo así como “La energía producida por el átomo es muy pobre, cualquiera que espere de ello obtener una fuente de energía está hablando de un espejismo.

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  • Cuando propusieron a David Sarnoff’s Associates, hacia 1920 que invirtiesen en la radio, contestaron literalmente que no imaginaban ningún tipo de valor comercial a la caja de música sin cables, pues ¡quien pagaría por un mensaje que no iba dedicado a nadie en particular!

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  • “Colocar al hombre en un cohete, proyectarlo de manera controlada hasta el campo gravitatorio de la luna, desde donde sus tripulantes puedan hacer observaciones científicas, e incluso aterrizar vivos en nuestro satélite y luego regresar a la tierra… todo esto forma parte de un sueño salvaje propio de Julio Verne. Soy lo suficientemente audaz como para decir que este tipo de viajes nunca serán posibles para el hombre a pesar de todos los avances del futuro.” Estas palabras las aseguraba Lee de Forest, pionero de la radio americana y inventor del tubo de vacío en 1926. Unos años más tarde, en 1936 el New York Times publicaba las siguientes palabras: “Un cohete jamás será capaz de salir de la atmósfera terrestre”.
  •  Unos años antes de morir, justamente en el 2001 Clarke escribiría en el Reader’s Digest de febrero:

«Nadie puede predecir el futuro. Todo lo que podemos hacer es perfilar posibles futuros (…) ya que cualquier predicción puede resultar absurdas pocos años después. El ejemplo clásico es la declaración que hizo el presidente de la IBM en la década de 1940. Dijo que el mercado mundial para los ordenadores sólo daba para cinco unidades, cuando yo tengo un número superior en mi propia oficina.»

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